Jueves, 17 Julio 2014 21:36

Venciendo la Ansiedad

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Toda mi vida funcioné de maravilla con mi compañero el estrés, que me ayudaba a darme una sensación de gratificación al hacer las cosas con la adrenalina al máximo. Durante años, esta sensación acompañó mi vida y fue mi amigo y compañero. No fue hasta que cumplí los 33 años que mi gran amigo me apuñaló por la espalda y comenzó a voltearse contra mí, justo cuando más lo necesitaba, con 2 hijos, mi esposo, una revista que vender, editar, diagramar y distribuir, un ministerio de restauración, mi gran compañero comenzó a traicionarme! Ahora, en lugar de ayudarme a funcionar mejor y darme más energía, comencé a tener fatiga, tensión, dolor de cabeza, a andar siempre a la carrera, estar irritada y enojada, y peor aún desconcentrada. Fue entonces que me di cuenta que mi famoso amigo, estrés, sin darme cuenta había invitado a nuestro círculo de vida a su amiga la ansiedad, y esta fue tomando terreno en mi vida hasta terminar con una crisis de depresión por agotamiento o como le llamamos comunmente, el síndorme del “burn out”.

 

Casi todo el mundo se ha sentido nervioso o lleno de aflicción más de alguna vez en su vida, con razón o sin ella. En el mundo, actualmente el trastorno psicológico más común es la ansiedad, seguido de la depresión y el abuso de alcohol y drogas. 3 de cada 4 personas que visitan al psicólogo o al psiquiatra lo hacen por problemas de ansiedad. Y se pronostica que el 17% de la población la experimentará en algún momento de sus vidas, sin embargo, no todos la identifican como tal aunque sus vidas sean afectadas.

Una de las formas más comunes de ansiedad es la ansiedad generalizada. Una persona ansiosa mantiene en su pensamiento una sensación de alerta constante, anda vigilante y no logra estar en paz, porque la ansiedad es capaz de hacer que sensasiones naturales que deberían salir del corazón, como la tranquilidad y el reposo, nunca se den.

El origen de la ansiedad es positivo y natural, ya que el organismo se pone a funcionar para defenderse ante una amenaza o para afrontar una situación difícil. Gracias a esta ansiedad positiva el cuerpo se prepara para la acción y sin esta dosis de energía no podríamos afrontar desafíos o retos en la vida. Pero, cuando la ansiedad ha dejado de ser útil, pasa a ser una compañera de vida muy molesta.

En mi caso, muchas personas queridas se me acercaban a decirme que bajara las revoluciones, que no me afanara, que descansara, pero solo alguien que ha pasado por esto puede entender que no se puede parar, se quiere, se necesita, pero no se puede. Y cuando alguien te dice que te relajes y que descanses un rato, te sientes más frustrada. Solo una persona con mucho estrés y ansiedad puede entender lo que quiero decir con esto, pues relajarte es lo que más deseas, pero lo que no logras conseguir por nada del mundo. Te acuestas a descansar para comenzar a pensar en todo lo que podrías estar haciendo, lo que avanzarías en el trabajo atrasado, en las tareas del hogar, en llamadas que debes hacer y que no has hecho, en libros que hay que leer, juegos que hay que jugar, fotos que hay que ordenar, etc. El versículo en Filipenses 4:6-7 que nos dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Es una meta inalcanzable, pero la más deseada y anhelada y por más que te memorices el versículo no lo puedes hacer tuyo y comienzas a entrar en la auto-condenación, volviendo a caer en el mismo ciclo que te lleva a la derrota. Negamos que podamos estar mal con Dios, que realmente no estemos alcanzando la plenitud de todo lo que “El espera de mí”, no queremos presentar todo lo que somos, pero llega un día en el cual tienes que enfrentar tu realidad o te mueres. Es ese momento en el que comienzas a abrirle tu corazón a Dios, haciéndote vulnerable ante El y mostrándole todas tus dolencias y necesidades, es entonces que Dios comienza a obrar en ti.

¿Cómo nos afecta la ansiedad?

La ansiedad tiene diferentes causas y consecuencias y posee diferentes intensidades. Está relacionada con el trabajo, el amor, las demás personas, nuestro propio yo o nuestras creencias ante la vida y del mismo Dios. Cada persona tiene su modo de expresar la ansiedad, unos no pueden estarse quietos, a otros se les hace un nudo en la garganta y otros usan máscaras, presentan una cara ante la gente, pero por dentro se sienten temblorosos y temerosos. La ansiedad es una reacción emocional, difícil de controlar y puede manifestarse en el pensamiento, el cuerpo con reacciones físicas y en la conducta. Estas tres áreas no necesariamente aparecen juntas, puede que la persona experimente solamente alguna de ellas. Por ejemplo, en su forma de pensar, se caracteriza por la preocupación, sensación de inseguridad, aprehensión, sentimiento de inferioridad, incapacidad de tomar decisiones, incapacidad de concentrarse, confusión, desorientación, olvidos frecuentes, temor, sensación de desorganización y pérdida del control sobre el ambiente. Una persona ansiosa constantemente se encuentra teniendo pensamientos de autovaloraciones negativas, sintiéndose incapaz de afrontar una situación e imaginando todo lo malo que puede suceder. Cuando hemos sido dañados, crecido en hogares disfuncionales y nuestros temores no fueron canalizados correctamente, sino quizás crecimos en un ambiente hostil e inseguro nuestra forma de pensar se distorsiona. Vemos el mundo con los lentes que nos pusimos en la niñez y a través de todas las experiencias que vivimos nos formamos un concepto del mundo que pueda no ser el correcto. 2 Corintios 10:5 nos explica de mejor forma lo que hacemos y nos dice que es necesario derribar “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” Mantenemos los pensamientos de los acontecimientos, de los traumas, de conceptos que no van de acuerdo al verdadero conocimiento que es el de Dios y esto nos produce ansiedad. Pero, podemos quitarnos los lentes que traemos puestos desde nuestra niñez y sí se puede comenzar a cambiar el pensamiento errado por el pensamiento de Dios.

El cuerpo es como un termómetro de la mente, ante un susto repentino el cerebro actúa de inmediato preparando el metabolismo para la acción ante un estímulo. Ante un estado constante de ansiedad, el cuerpo reacciona de la misma forma y es así como se produce una serie de alteraciones neurofisiológicas. La ansiedad provoca una revolución en el organismo, se activa el sistema nervioso central, vegetativo y endocrino. Algunos síntomas que puede experimentar una personas con ansiedad son tensión muscular, sudoración, nausea, manos frías y sudorosas, dificultad al tragar, irritabilidad, inquietud, problemas gastrointestinales o diarrea. Algunas personas presentan una condición diferente llamada trastorno de pánico, que consiste en ataques repentinos e impredecibles de miedo intenso, de corta duración. Tales crisis suelen estar acompañados por miedo a morir o perder el control, vértigo, opresión en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, temblor, sudoración, náusea, adormecimiento de las manos y palidez en la cara. Cuando hay un desgaste físico debido al abuso que se le da al cuerpo al mantenerlo en un estado que no es el normal o adecuado, éste comienza a reaccionar negativamente. Es aquí donde se da la depresión por agotamiento o nos “quemamos”.

La ansiedad también se manifiesta en la conducta. Esta suele implicar comportamientos inadecuados como movimientos repetitivos o torpes, movimientos sin una finalidad concreta, paralización, tartamudeo, evitación de situaciones, comer excesivamente, fumar o beber alcohol. Muchas personas que padecen de ansiedad usan drogas para aliviar el malestar, sin embargo, esto empeora su situación creando aun más ansiedad. Todo pensamiento precede una acción, por lo que el pensamiento distorcionado afecta nuestras actitudes hacia nosotros mismos, los demás y todo lo que hacemos. Dice Proverbios 23:7 “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.”, quiere decir que actuamos de acuerdo a lo que pensamos.

Las causas de la ansiedad según investigaciones realizadas se encuentra en las células nerviosa, conocidas como neuronas. En las personas con ansiedad hay un exceso de dos neurotransmisores particularmente la noradrenalina y serotonina. En algunos casos, esta producción de neurotransmisores se da porque hay una predisposición genética, en otros casos se da como una reacción ante una experiencia traumática de la infancia o en la edad adulta. Como mencioné anteriormente, si hemos sido dañados y nos han lisiado emocionalmente desde la niñez, si nuestras necesidades básicas no fueron satisfechas, si te abandonaron, abusaron, se ti sobreprotegieron, o si creciste con padres que padecían algún trastorno como la ansiedad, estrés post-traumático, obsesivo compulsivo, fobias o adicciones, puede que la raíz de tu ansiedad este en tu pasado, se desarrolló en tu medio ambiente(familia) o lo traes en tu genética. También hay un grupo de personas propensas a desarrollar el trastorno de ansiedad; aquellas a las que se les ha descrito como con un patrón de conducta tipo A. Estas personas tienen las siguientes características: Velocidad, impaciencia, irritabilidad, siempre tiene prisa, estilo dominante y autoritario, pensamiento concretista, tienen dificultad para conocer y expresar sus emociones, actitud hostil, dura, competitiva, gran implicación en el trabajo, con tendencia a la actividad permanente. Consideran el descanso o el ocio como pérdidas de tiempo, preocupación por el rendimiento y los resultados finales, más que por el disfrute de la actividad mientras se realiza, y tienen pocos intereses y relaciones personales al margen del trabajo.

Dice la palabra de Dios que hay un reposo preparado para el pueblo de Dios. Hebreos 4 Sin embargo, las personas con una personalidad tipo A o con ansiedad difícilmente pueden alcanzar esta promesa y viven frustradas al no poder alcanzar la paz que Dios nos ofrece en su palabra. Hace mucho que descubrí que mi personalidad es de tipo A, al haber entrado en la crisis que mencioné anteriormente me autoanalicé por mucho tiempo y conocí muchos aspectos de mí misma. Ahora puedo decirte que gracias a esa crisis tuve que voltearme a ver y descubrir muchas cosas acerca de mí, buenas y malas. Ahora, me conozco mejor y puedo decirte que he logrado alcanzar esa promesa del reposo, y cuando entro en ansiedad, en afán o con el deseo de controlar, respiro profundamente, me pongo a expresar a través del arte y la escritura, bajo las revoluciones y me recuerdo que es Dios quien controla mi vida y todo mi alrededor y corro a estar a sus pies en oración porque es allí donde está la promesa de paz que Dios me ha dado. Sabes, se ha comprobado que la oración trae alivio para la ansiedad. En un estudio realizado por el Dr. Herbert Benson de la Escuela de Medicina de Harvard, se descubrió que cuando una persona ora, ésta experimenta una disminución en la presión arterial, el metabolismo, el ritmo del corazón y en la respiración. Esto, es lo mismo que sucede cuando una persona se encuentra relajada. Así que para aliviar la ansiedad te recomiendo que te busques una amiga que ore contigo para que sea tu apoyo y perseveres. Busca personas que sepan escuchar y que den buen consejo, una persona espiritual sería la mejor opción. Haz ejercicio para cuidar de tu cuerpo. No te auto-mediques, sino busca ayuda profesional, y trata de mantener el ambiente en casa lo más tranquilo posible, sin peleas ni alteraciones. La buena noticia es que hay solución a tu problema, si se puede vivir sin ansiedad, sin estrés y sin tener que controlar. Pero toma tiempo, te tomo toda una vida aprender a pensar como piensas, llevas mucho tiempo actuando con patrones dañinos, por lo tanto, tomará un tiempo y mucha disposición de tu parte el reaprender nuevas formas de pensar, de creer de ti misma, de los demás y de Dios. Pero te animo a hacer tuya la promesa del reposo que Dios nos ha dejado, pues lo que Dios te pide es fácil, es que le entregues tu corazón, tu vida, sin que seas tu el que controlas y el que decides que hacer con tu vida, sino decide confiar en el Dios que te creó y te formó y obedecerle en todo, es así como entras en la promesa de tu Señor: “Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.” Salmos 91:15

(fuente:ansiosa-MENTE por Pilar Varela)

Visto 367 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Noviembre 2017 01:39
Roxana Perez

Soy una mujer apasionada y determinada. Cuando me propongo algo lo logro aunque me cueste, esto podría ser una fortaleza para lograr muchas cosas a nivel ministerial pero también una debilidad a nivel relacional. Así es una área en la que he aprendido o mas bien estoy aprendiendo a mantener el balance y saber que todo sucede en el tiempo y con la armonía de Dios.

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